Del Poli a Médicos sin Fronteras: la historia de un ingeniero rosarino que trabaja en Gaza

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“Cada día en Gaza se siente como un mes”, dice Paulo Milanesio. El rosarino es el coordinador del operativo de Médicos sin Fronteras (MSF) en la zona y todos los días trabaja en medio de lo que considera “una de las desgracias más grandes de la humanidad”. Entre el orgullo de formar parte de un equipo que brinda ayuda humanitaria y el horror de ver en primera persona el daño de los conflictos bélicos, pasa sus días en un contexto signado por el caos.

En Gaza las cosas cambian minuto a minuto. Quienes están ahí, viven bajo una tensión constante y el sonido incensante de las bombas, las ametralladoras, las granadas, las ambulancias, los drones, helicópteros, aviones de guerra, barcos de la marina israelí y también el grito desgarrador de grandes y chicos.

“Es un caos constante”, resume Milanesio en diálogo con La Capital y admite que tomar decisiones en ese escenario, en el que hay que tener la cabeza lo más fría posible porque cada acción repercute en la vida de los pacientes y también de sus compañeros, no es tarea fácil. El ingeniero civil de 39 años es reponsable de todas las operaciones de MSF en la zona. Si bien hay un equipo médico, uno logístico y uno administrativo, él es la cabeza de la misión y el encargado de garantizar la seguridad de cada uno de los 300 palestinos y extranjeros que trabajan con él.

La Franja de Gaza no es la misma desde el pasado 7 de octubre. Primero, Hamás y otros grupos militantes asentados en Gaza lanzaron un ataque transfronterizo contra Israel que mató a unas 1200 personas, según funcionarios israelíes. En represalia, Israel lanzó una campaña militar para erradicar a Hamás que devastó a Gaza. El conflicto en Medio Oriente estremece al mundo y lejos de cesar se cobra cada vez más víctimas.

De Rosario a Gaza: la vocación humanitaria

Milanesio es muchas cosas, pero antes que todo es hijo de Beto y de Lili, hermano de Bruno, nieto de sus abuelos que vivían en Carlos Pellegrini e hincha de Rosario Central. Su paso por el Politécnico signó la elección de su carrera: ingeniería civil en la UNR. “El paso por estas dos instituciones y por la educación pública fue una experiencia maravillosa que me formó como persona”, sostiene con orgullo y le agradece a su familia y sus amigos, por los valores con los que creció.

Mientras el ruido incesante de la guerra amenaza con aturdirlo, muchas veces se traslada a los recuerdos de su infancia para sentirse a salvo. “Recuerdo ver a mis abuelos llegar de trabajar en el campo. Vengo de una familia de trabajadores, donde lo poco que había se usaba para que los hijos estudien y encuentren un futuro mejor”, destaca.

Además de graduarse en la UNR, el rosarino tiene Máster en Cooperación Internacional en la Universidad Politécnica de Cataluña. Pero después de comenzar a ejercer su profesión como ingeniero, se dio cuenta de que su vocación estaba en otra parte, y que podía aplicar sus conocimientos técnicos a la ayuda humanitaria. Así fue como hace cuatro años se unió a MSF coordinando la infraestructura de los profesionales médicos en Yemen, Camerún, Etiopía, Mozambique, Senegal y Mauritania. Incluso desde junio hasta octubre de 2022 fue Coordinador de Emergencia en Ucrania. Y nuevamente estuvo en ese puesto durante el año pasado hasta que regresó a pasar las Fiestas en Rosario. A fines de abril partió hacia Gaza.

Después de cada misión vuelve a Rosario. Le gusta caminar la ciudad, ir a eventos y sobre todo disfrutar del río Paraná, del que se considera un amante. Cuando vuelve, se toma unos mates con su papá y le cuenta todos los detalles de lo que vivió. Juntos reflexionan y comparten el momento.

Su mamá, Lili, no llegó a verlo trabajar en ayuda humanitaria, pero él cree que lo acompaña desde otro lugar. “Es la que más sabe porque está conmigo en cada momento y situación difícil”, revela. Sus seres queridos lo apoyan y valoran su tarea. Saben que no se trata de una aventura, que no es sólo una vocación sino también un trabajo profesional.

Paulo crece en cada una de las misiones, donde ve cosas tan extremas que las considera como “golpes a la conciencia”. Cree que encontró su vocación no sólo queriendo llegar a quienes más lo necesitan, entendiendo que “no existen las nacionalidades, razas, religiones ni orientaciones políticas”. Para él, “ninguna persona merece sufrir y si hay muchas personas sufriendo por temas de violencia merecen cuidado e interés. Todos son iguales y que nadie merece pasarla mal“.

No quedan zonas seguras en Gaza

Las postales que llegan desde Medio Oriente no alcanzan a reflejar las cosas que ve el rosarino día tras día. Todas las ciudades y pueblos del sur de Gaza fueron destruidos. Sólo se pueden ver escombros, entre los que vive la gente, cuando no arman tiendas de campaña para intentar asentarse por un tiempo antes de volver a escapar de las bombas. Transitar por ahí implica no sólo esquivar basura, por ejemplo, sino también la súplica de quienes quieren agua y comida o hasta “arrojan a los niños arriba de los autos de MSF para mostrarles las heridas”.

El conflicto, que lleva siete meses, provocó que miles y miles de personas se hayan desplazado de sus hogares, desde donde se fueron con lo puesto, y que no tengan cubiertas las necesidades más básicas, como comer, tomar agua o recibir atención médica. “En Gaza no existe ningún lugar que sea seguro. Los bombardeos y ataques son constantes y pueden pasar en cualquier sitio. Por eso, día a día trabajo con mi equipo para que las operaciones sean lo más eficientes posibles y poder llegar a quienes están más expuestos y vulnerables”, señala Milanesio.

MSF atiende a la mayor cantidad de personas que puede, en hospitales, centros de salud de atención primaria y a través de sus equipos de salud mental. “Estamos constantemente trabajando para poder ayudar a la gente a que siga adelante y supere las historias devastadoras con las que cargan. Es desesperante”, agrega el coordinador del operativo.

Sin embargo, nada parece ser suficiente. La semana pasada, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Israel que detuviera “inmediatamente” su ofensiva militar en Rafah. También ordenó que permitiera la entrada de la ayuda humanitaria que tanto se necesita y garantizara que llegara a quienes la necesitan. Pero la ofensiva israelí en el sur de Gaza se intensificó desde entonces.

El martes 28 de mayo MSF emitió un comunicado en el que exigió un alto el fuego inmediato y duradero en toda la Franja y también advirtió que ya no quedan lugares seguros.

Rúa y los niños en riesgo

Milanesio contó que cada vez aparecen más casos de niños con heridas y mencionó como ejemplo el de Rúa, una nena de seis años, que llegó con una herida en la cabeza a causa de una bala que le rozó la cabeza. La pequeña escapó de su casa con su familia, que tuvo que desplazarse varias veces, y en una de esas instancias se perdió y quedó en medio de un tiroteo.

Como tuvo que desplazarse muchas veces no pudo ir antes a un centro de atención primaria para que curar esa herida, así que cuando llegó a la clínica de MSF estaba con la herida infectada. Afortunadamente de a poco se la pudieron curar y se le están realizando cirugías para mejorarla.

Esa niña es sólo un ejemplo de todo lo que sufren los chicos, mujeres embarazadas, hombres que se lastiman como consecuencia de los desmoronamientos de su propia casa. Desempeñar esta tarea hace que muchas veces se pueda salvar su vida. Lo que MSF hace en la Franja de Gaza me provoca muchísimo orgullo, y también mucha presión, pero te llena el corazón poder formar parte de esto en una situación así”, argumenta Milanesio.

El rosarino ve de cerca como muchas personas atraviesan por un dolor desgarrador, sangriento y también innecesario. Muchas veces se averguenza de lo que puede llegar a hacer el ser humano con sus pares. Al mismo tiempo, se siente orgulloso de poder ser parte del equipo que da una respuesta humanitaria en este contexto y se conmueve con los más de 500 palestinos que trabajan en sus servicios y siguen queriendo ayudar, aún habiéndolo perdido todo. Como en la guerra, como en la vida, sus emociones tienen matices y aprendió que lejos de haber una única verdad, hay que tomarse el tiempo para habitar cada una de ellas.

Médicos sin Fronteras

Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización humanitaria internacional que, desde hace 52 años, brinda atención médica a poblaciones afectadas por catástrofes naturales, conflictos armados, epidemias, pandemias y enfermedades olvidadas.

El 96% de los ingresos de MSF proviene de aportes privados y se sostienen gracias al apoyo de más de 6 millones de socios y colaboradores en todo el mundo. Si querés sumarte a la causa y salvar vidas, se puede encontrar más información en este link.

Lee esta nota en diario LA CAPITAL de Rosario

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