El científico que desarrolla la vacuna en Argentina denunció malas prácticas de experimento de EEUU

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A más de 30 años de haber denunciado una investigación estadounidense por malas prácticas cuando realizaba una beca posdoctoral, el biólogo Mauricio Seigelchifer -actual Director Científico de mAbxience, la empresa del Grupo Insud que producirá en el país la vacuna contra el coronavirus de la Universidad de Oxford y el laboratorio AstraZeneca, aseguró que «las vacunas son la herramienta más eficaz para prevenir enfermedades».

Desde que el miércoles se anunció que mAbxience producirá en su planta de Garín, partido bonaerense de Escobar, una de las vacunas que se encuentra en la última fase previa a la aprobación, Seigelchifer brindó una entrevista tras otra contando los detalles de cómo será la producción y cómo se llegó al acuerdo.

Pero este biólogo, criado en la ciudad de Buenos Aires y que se formó en la educación pública, además de tener un presente que lo ubica como protagonista de la producción de una de las vacunas contra el virus que causa la pandemia, tiene una vieja historia que también lo tuvo en el centro pero, en aquella oportunidad, de una denuncia.

«Eso es parte de la prehistoria», dijo entre risas y rápidamente comenzó a contar: «En 1986 realizaba un beca posdoctoral en el Instituto Wistar de Estados Unidos cuando me enteré que otro sector de esta institución realizaba un estudio clínico de una potencial vacuna contra la rabia en la localidad bonaerense de Azul y rápidamente me interesé».

«Cuando comencé a investigar descubrí que la forma en la que se estaba trabajando era inadecuada: se estaban inoculando vacas con virus vivos que no estaban en ningún lugar de contención, se las hacía ordeñar por los peones para medirles también sus anticuerpos sin habérselo notificado y otra serie de irregularidades«, explicó.

Seigelchifer decidió hacer la denuncia y se descubrió que el Estado argentino no estaba al tanto de la situación: el ensayo clínico fue suspendido, las vacas tuvieron que ser sacrificadas, se le hizo seguimiento a la salud de los peones y él fue despedido del instituto.

«Tuve que volver de Estados Unidos y a partir de ahí comencé a trabajar en el ámbito privado», recordó.

Desde entonces, su trayectoria laboral y académica siempre estuvo signada por la búsqueda de lo nuevo: fue cofundador de varias empresas de biotecnología en las que ayudó a desarrollar y comercializar medicamentos como interferón alfa y beta, la eritropoyetina y una vacuna contra la hepatitis B.

En 2007 cofundó pharmaADN, una empresa del grupo mAbxience, donde trabajan con anticuerpos monoclonales, un principio activo que sirve en tratamientos contra el cáncer y otras enfermedades.

Télam: ¿Qué pasó después de aquella denuncia?

Mauricio Seigelchifer: Se me acercaron muchas personas antivacunas, pero yo estaba en contra de ese estudio en particular porque estaba mal hecho, no de los estudios clínicos y mucho menos en contra de las vacunas. De hecho, creo que dentro de la medicina tradicional las vacunas son lo que han demostrado ser más eficaz para evitar las enfermedades.

Creo que quienes están en contra de las vacunas no han vivido epidemias, no han visto los efectos de algunas enfermedades. Por ejemplo, uno se vacuna contra la poliomielitis, que es una enfermedad gravísima que logró erradicarse gracias a la vacuna, pero la mayoría de la población no vivió la época de la polio, no vio los niños que no podían caminar o se murieron.

T: En relación a esto, hay quienes expresan temores en cuanto a la seguridad de las vacunas contra el coronavirus por la velocidad en la que se desarrollaron. ¿Cuál es su mirada sobre esto?

M.S.: Los procesos se aceleraron pero con criterio. Por ejemplo, cuando se termina un estudio clínico fase 1 y se presentan los resultados, las autoridades sanitarias se toman tal vez dos o tres meses en analizarlo, en cambio hoy lo analizan en 15 días. Es decir, el aceleramiento no es una negligencia sino una necesidad frente a la situación en la que estamos.

Si uno quisiera probar la vacuna entre 300 mil personas llegaría en 2023; entonces se decide, se debate y se llegan a consensos, por ejemplo, que probarla en 15 mil personas, que es un número estadístico importante, es suficiente para una fase 3.

Una prueba clínica es un instrumento que se va adaptando y cambiando. Hace 50 años no se hacían y probablemente dentro 50 años sean diferentes

Pero cuando la vacuna se apruebe, sea la de AstraZeneca, la de Pfizer o la de Moderna, será segura porque eso es lo que se está evaluando ahora y en cuanto a los resultados sobre los efectos adversos ninguno fue grave.

T: ¿Qué pasa con la vacuna rusa?

M.S.: Toda la industria farmacéutica de Rusia se desarrolló aislada de Occidente con sus propios mecanismos. El número de personas para definir una fase clínica, si bien tiene una base científica, también tiene una parte de convención, lo mismo sobre si tiene que cumplir un 90 ó 95 por ciento de efectividad.

Por ejemplo, una vacuna que proteja al 50% tiene una efectividad muy mala, y sin embargo, si yo estuviera frente a un virus mortal y no hay nada superior, yo diría démonos esa que protege al 50% y reducimos la circulación del virus; sin embargo, hoy una vacuna buena tiene que proteger más del 90%.

No tengo la menor idea de cómo aprobaron en Rusia la vacuna actual. Es muy probable que sea diferente de lo que está convenido en Occidente. Pero no tengo ningún dato para afirmar que la vacuna es mejor o peor porque no leí ninguna publicación científica. Lo que se está cuestionando es que se probó en menos personas, pero como decíamos antes, esto es una convención.

T: ¿Cuál es el rol de lo público y lo privado en relación a la ciencia?

M.S: Cuanta más interacción haya entre el Estado y las empresas privadas más se enriquecen ambos sectores. Tanto el sector público como el privado desempeñan un rol, cuál es ese rol tal vez hay que discutirlo y pulirlo pero yo no creo que sin el Estado los privados puedan existir y lo mismo a la inversa. Es una falsa dicotomía.

Sobre todo en el área de salud y de enfermedades endémicas. El Estado argentino respondió muy bien frente a la pandemia, invirtió mucho en subsidios para el desarrollo de kits de diagnóstico, tratamientos y otras investigaciones.

Nosotros vamos a producir la vacuna pero es el Estado el que deberá definir cuántas dosis se van a comprar y cómo se van a distribuir. ¿Quién sino el Estado puede hacer esto?, porque si no es un sálvese quien pueda, todos vamos a querer ser los primero es ser vacunados, deberá ser el Estado quien fije las prioridades y garantice el acceso.

FUENTE: conclusion.com.arfoto: MDZ

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